Lágrimas de Yunuén no es un mezcal para beber de prisa. Es un mezcal para sentarse, respirar y escuchar. Cada copa contiene doce meses de oscuridad lacustre, de temperatura constante, de silencio mineral.
El lago imprime su carácter en el líquido de maneras que la ciencia puede describir sólo en parte. El resto es algo que únicamente el paladar puede entender.
Transparente con destellos plateados. El movimiento en copa revela una viscosidad sutil que habla de su riqueza en ésteres y aceites naturales.
Aromas de agave asado, tierra húmeda, flores silvestres y una nota mineral característica del lago. El ahumado es presente pero elegante, nunca agresivo.
Entrada suave con dulzura natural. El cuerpo se desarrolla hacia notas de piña asada, cacao y especias. El final es largo, mineral y ligeramente salino — el lago.
Sirve Lágrimas de Yunuén en una copa ancha o en un vaso veladora a temperatura ambiente. No en hielo: el frío cierra los aromas que el lago tardó un año en construir.
Antes del primer sorbo, inhala despacio. Deja que los aromas lleguen a ti. Luego bebe poco, retén un momento en boca, y siente cómo el final evoluciona.
No hay prisa. Este mezcal esperó trescientos sesenta y cinco días bajo el agua para llegar a tu copa.
Temperatura ideal
16 — 18 °C. Temperatura ambiente de interior, lejos del hielo y del sol directo.
La simpleza terrenal del frijol amplifica las notas minerales del mezcal.
El amargor del cacao 70% dialoga con las notas ahumadas y crea un contraste memorable.
La salinidad del cotija espeja la nota salina final del mezcal, creando un eco perfecto.
El tamal michoacano de elote tierno, con su dulzura y acidez, resalta la complejidad herbal.
El Desahogo es el momento en que el mezcal regresa del lago. Es la celebración del regreso, no del sabor.
Evento anual — Isla de Yunuén, Pátzcuaro · 7 Noviembre 2026