Si el Ahogo es el descenso, el Desahogo es la resurrección. Cada 7 de noviembre — un año exacto después de la ceremonia de sumersión — regresamos a las orillas del Lago de Pátzcuaro para recuperar las vasijas.
Lo que emerge no es el mismo líquido que bajó. El lago lo transformó: le dio sus minerales, su temperatura constante, su silencio de un año. El Desahogo es la celebración de esa transformación, compartida con quienes hacen posible esta historia.
Cada Desahogo es un evento irrepetible. Selecciona un año para ver el registro fotográfico.